Viaje a Cabo Verde (III) por Carlos Elejabeitia

Viaje a Cabo Verde (III)

Unai y Carlos en Tira Chapeu22La labor de Tuka y Ronek asistiendo a los niños y niñas del Bloko del Valle Cabo Verde en Tira Chapéu está siendo fundamental. Ellos mismos proceden del barrio y lo conocen perfectamente. Han vivido y siguen viviendo todo lo bueno y lo malo que ese entorno les ofrece. Tuka esconde un gran corazón tras un semblante serio. Es tranquila, resoluta y directa, además de una magnífica emprendedora profesional de la artesanía. Roneck, un grandote de amplia sonrisa, atento, amable y afable, se ha decantado por la música para dar a conocer e intentar hacer comprender los problemas y conflictos del barrio y sus habitantes, y para buscar y ofrecer alternativas “sanas” para el desarrollo de las personas y del entorno. Ambos son buenos modelos de referencia para los chavales y es una suerte tenerlos a nuestro lado, porque se nota el interés que muestran con el proyecto y el cariño que sienten por los niños. Ya tenemos gana de volver a darles un fuerte abrazo en mayo en Tenerife. También a Eddy, el hermano menor de Tuka, que siempre está ahí, tranquilo y callado, dispuesto a sumar y a colaborar.

En el desarrollo de nuevos blokos, colocamos por delante el respeto por la cultura local, También para aprender de ella, porque estos proyectos nos sirven para tener una base común de ritmos para todos los blokos, que constantemente es enriquecida con ritmos nuevos de la cultura local que vamos asimilando e integrando. Paseando por Praia se oyen constantemente diferentes ritmos locales en tiendas, cafeterías y mercados, y especialmente cuando uno se sube a alguno de los muchos taxis que recorren sus calles. Está claro que la música forma parte muy importante de la vida aquí. Eso facilitará el entendimiento y la colaboración para llevar a cabo acciones futuras, porque es precisamente la percusión la herramienta de desarrollo personal que hemos elegido para nuestra labor.

Es fundamental que aprendamos a hacernos a los lentos tiempos y las versátiles formas de Cabo Verde y, sobre todo, a escuchar muy bien lo que los locales nos tienen que decir, para que el intercambio se pueda extender al mundo de las ideas y las opiniones. También sobre esto hemos conversado con los niños del bloko. Poco a poco, hemos pasado de un – “¡vamos a jugar a tal cosa como yo digo y a pasárnoslo muy bien!” que alguno de ellos impone a grito pelado en el patio de la escuela, a conseguir que expongan sus ideas respetando turnos y escuchando al otro cuando nos reunimos alrededor de la mesa para conversar. Cuando menos, estamos muy cerquita de conseguirlo. Me sigue sorprendiendo que, cuando se trata de seguir un ritmo en un ensayo o actuación, nos es muy fácil guardarnos nuestras opiniones y respetar la que se impone en el grupo. ¿Será porque nos proponemos escuchar como prioridad? Escuchar es lo que se hace habitualmente con la música, ¿no? Esto hemos lo sabido automatizar, pero es curioso lo que nos cuesta a veces hacerlo con las palabras y opiniones de los demás.

Lo anterior me lleva a revivir una situación que describí anteriormente como kafkiana. Tiene que ver con esa alegre e inquieta ligadura de corcheas que constantemente recorre con zapatillas y gafas oscuras el mundo de los sonidos. Con apenas quince años, Tidey – muchos del bloko en Tenerife ya lo conocen – es grande, como percusionista y como persona. Como estábamos ahí para lo que estábamos, fuere lo que fuere, Unai y yo decidimos reunirnos una tarde con la familia de este joven músico invidente para intentar recabar de ellos apoyo para su desarrollo profesional. No sé si finalmente conseguimos algo de lo que nos propusimos. El tiempo lo dirá. Lo que sí conseguimos fue acabar sentados en el fondo desvencijado de un sofá en casa ajena, escuchando las verdades absolutas que algunas personas en la habitación de esa humilde morada trataban vehementemente y a grito pelado de imponer al resto, como en el acto final de la ópera más estruendosa de Wagner, pero sin orden ni concierto. Ante tal desenlace, no tuvimos más opción que resguardarnos en nuestra habitual cafetería de esquina con Tidey y charlar sobre los caóticos minutos que acabábamos de vivir (ahora no recuerdo si fueron 2 o 20). El mensaje positivo que nos quedó a los tres todo aquello sigue rondando hoy nuestras cabezas, sonriente, a ritmillo de swing y con mucha enjundia. Chintilín, chintilín…la música, siempre la música.

Ser celebrado y celebrar a otros es siempre mejor que llanamente ser tolerados y tolerar a otros. Por el hecho de que algunas personas de su entorno más inmediato no le hayan sabido o podido siquiera escuchar con mente tranquila y abierta, Tidey ha debido buscar esa celebración entre el personal de cafeterías y establecimientos de música del barrio, con sus maestros de clases particulares de percusión y hasta en las mismas calles de Plateau. Muchos de los niños en Tira Chapeu están en una situación similar y habrán encontrado en la percusión y en el bloko una salida, algo de claridad y cordura, algo que les ilusiona, motiva y divierte, una alternativa a lo que viven en su día a día. Creo que solamente por el hecho de que estén intentándolo, tenemos la obligación moral de apoyarles, y de celebrarles como personitas luchadoras que son. La cara de los niños de Tira Chapeu sentados alrededor de la mesa de la escuela, escuchando atentos las impresiones de Tidey sobre su experiencia personal en Tenerife, era algo digno de ver. Recibió una gran salva de aplausos de sus compañeros y fue el fiel reflejo de que le respetan, le admiran y le celebran. Simplemente por ser como es. 

Y como anécdota final, quiero contarles que, al igual que Tuka, Tidey no puede dar más de dos pasos sin saludar o pararse a conversar con alguien en Plateau, siempre de forma alegre y amigable, como si fuera el concejal de distrito. Se conoce las calles de su barrio como la palma de su mano (sí, esas mismas manos que nunca dejan de practicar la percusión contra la mesa o con su cuerpo). Yo lo pude experimentar en primera persona, cuando me dejaba guiar por él en uno de nuestros paseos juntos: yo con los ojos semi-cerrados, Tidey agarrándome de la mano y caminando a toda pastilla, y Unai muerto de risa, claro.

~ por Blokodelvalle en 06/04/2016.

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