Viaje a Cabo Verde (I): primeras impresiones por Carlos Elejabeitia

Viaje a Cabo Verde (I): primeras impresiones por Carlos Elejabeitia

Praia 2016 impresiones01 Praia 2016 impresiones02Nunca sabemos a vuelta de qué esquina haremos nuestro próximo viaje ni cómo será. El que tuve la oportunidad de hacer con Unai a Cabo Verde a comienzos de marzo fue todo un viaje en diversos aspectos.

Es sorprendente a dónde le puede llevar a viajar a uno un simple trayecto de taxi de aproximadamente un Euro. Era lo que nos cobraban por recorrer los apenas tres kilómetros de distancia que unen -o separan, mejor dicho- el centro comercial de Praia del barrio periférico de Tira Chapéu. Aquí viven los niños que participan en el proyecto Bloko del Valle Cabo Verde, en un barrio de los llamados “marginales”, sin infraestructura básica, con construcciones de ladrillo visto que marcan calles sin asfaltar y un ambiente de riesgo y peligroso en el que familias humildes deben desenvolverse diariamente con muy pocos recursos a su alcance. Nuestro alojamiento en la pensión Lidia del centro era sencillo, pero un gran apartamento en zona residencial, comparado con lo que podíamos observar en Tira Chapéu.

Nunca me sentí amenazado mientras paseábamos por las calles del barrio, ni siquiera cuando de noche recorríamos con niños y monitores muchas de sus calles para hablar en persona con los padres sobre nuestro proyecto y contarles nuestros planes de viaje para sus hijos. Pero tampoco voy a negar todo lo que se puede cocer en un barrio de estas características. Aquí, la fama local está muy cerquita de cualquiera que la busque por la vía rápida del dinero a través de la droga y la prostitución, y del poder a través de la violencia física y psicológica. Igualmente fácil, en el barrio pueden surgir líderes que venden modos de vida e iconos, de esos atractivos para seguir y facilones de alcanzar, pero perjudiciales porque se suelen construir sobre la desconfianza, el miedo, el egoísmo, el abuso y el daño ajeno. No es que todo esto sea exclusivo de este barrio o de este entorno social, pero aquí puede ser más determinante para cerrar el círculo vicioso que generan la escasez de recursos, el desconocimiento, la falta de perspectivas y la desmotivación. Bajo esas circunstancias, otros modelos de vida basados en “lo correcto antes que lo bueno” pueden ser vistos como inefectivos, lentos y aburridos, y sus defensores simplemente tildados de pobres simplones idealistas y soñadores.

Todos buscamos en momentos de nuestra vida referencias para saber qué pensar y cómo comportarnos. A veces queremos encontrar esas referencias en las visiones y opiniones de otros, y en esas modas, modelos o deidades ya hechos y dispuestos para ser consumidos. Los compramos y adoptamos sin reparar en lo que nos cuesta – material o emocionalmente, ni en sus efectos secundarios, especialmente cuando nuestro espíritu crítico no es nuestro compañero habitual. En Tira Chapéu, esto no es diferente. Los niños y niñas de este barrio son personas de carne y hueso que están creciendo, formándose día tras día una idea sobre lo que será su vida. Viven al límite, confrontando de forma continuada y sin medias tintas el ambiente que les rodea y decidiendo – cuando se les permite hacerlo – si adoptan para sí o rechazan lo que perciben, si se identifican como parte de un grupo o no. Con este panorama y bajo tal presión, no sorprende que algunos niños y niñas ronden caminos peligrosos y que el tramposo manto de felicidad inmediata les roce la piel, incluso a los de nuestro bloko.

Aquí, la vida real no es filtrada por una vida virtual o digital. Los niños que viven en este barrio no se identifican con un “me gusta” para sentirse parte de un grupo. Una decisión en uno u otro sentido puede tener un efecto directo, inmediato y crucial en sus relaciones familiares, en su círculo de amigos, en su vida. Cada paso que dan, para bien o para mal, marca su carácter y sus relaciones con otros. Les guste o no, el entorno de estos niños se les impone con rapidez y contundencia y, sin desarrollo emocional, el sencillo mecanismo de defensa que ofrecen las redes sociales, el “bloqueo digital”, pasa a ser un grito, un mal gesto, un empujón, una imposición o una amenaza.

Cuando uno se encuentra por primera vez con los niños del Bloko del Valle Cabo Verde, su alegría y naturalidad destruye al instante cualquier barrera. – “Chiquitos desinquietos”, que diría alguien de aquí. Cuentan con armas -instintivas o aprendidas- con las que se afanan por superar sus conflictos y sobrevivir en el grupo y en su barrio. Al llegar a la escuela el día tiempo de nuestra primera reunión, competían ya en la entrada por imponerse en decibelios para resolver sus diferencias. Pero eso no es algo que fuera a empañar una buena foto cuando les apuntamos con la cámara dos minutos después, ellas abrazadas lanzando besitos con boca de pato y ellos mostrando la “marca de la banda” con dedos entrelazados.

Estos niños aún no son plenamente conscientes de que ellos no necesitan armas, sino herramientas. Cuentan con una escuela y la tutela de profesores y monitores. Los más afortunados, con un ambiente familiar que les apoya. Por la parte que nos toca, tambores y mazas para tocar ya tienen, y ganas y ritmo les sobra. Pero hace falta más. Y es ahí donde también hemos intentado durante este viaje complementar la magnífica labor que están realizando Tuka, Roneck y Eddy, sus monitores. Desde el primer día, sentados alrededor de la mesa de la escuela, mantuvimos “serias” conversaciones con los niños en las que tratamos de sensibilizarles para que aprovechen la oportunidad de vivir la experiencia que se les ofrece, disfrutándola de la forma más consciente posible. Ardua labor para unos niños que tienen preocupaciones muy diferentes y pocos recursos para afrontarlas. Algunos siguen siendo por momentos demasiado tímidos e inseguros o, por contra, alborotadores, interesados, captadores de atención en exclusiva y no del todo sinceros. Nada sorprendente, porque no son adultos. Otros destacan por su autenticidad, porque aparentan sentir lo que dicen, por la madurez de sus razonamientos y por la forma tranquila y natural con la que se presentan ante el grupo y se dan a él. Algo sorprendente, porque nos son adultos. En general, el desbordante entusiasmo y ganas de aprender de los niños recompensa con creces cada minuto de su compañía. Unai comentaba sobre el cambio positivo que había percibido en ellos desde su primera visita, y parece que siguen ese rumbo.

Una reflexión final: la pérdida de contacto con uno mismo lleva a perder el contacto con los demás. Ello abre camino a que dejemos de ser conscientes del efecto de nuestros actos sobre otros, más aún cuando nuestra principal (pre-)ocupación es hacer desaparecer amenazas y volver a nuestra zona de confort, o cuando nos hipnotiza el ansia por impresionar. Los de Tira Chapéu son niños con carencias fisiológicas y emocionales, necesidades urgentes que deben cubrir. Su instinto de supervivencia en un entorno de riesgo rige sus acciones, tanto a nivel físico como psicológico. No saben aun buscar dentro de sí mismo aquellas referencias necesarias para crecer y avanzar, porque lo que buscan es alimento, seguridad y cariño. Ellos tienen justificación. ¿Cuál es la nuestra?

 

~ por Blokodelvalle en 03/04/2016.

Una respuesta to “Viaje a Cabo Verde (I): primeras impresiones por Carlos Elejabeitia”

  1. Carlos…que interesante participar de tus reflexiones…! quedaran ahí, haciendo su trabajo en nuestro corazones y en nuestra manera de pensar y decidir….besos

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